viernes, 29 de abril de 2016

¿QUÉ HACER CON EL MOVADEF?



Acaba de abrírseles proceso penal a los dirigentes del movadef, partido político fachada del grupo terrorista sendero luminoso. Al respecto, les comento mi opinión personal:
El delito de apología al terrorismo es uno que, probablemente, sirvió para un momento específico de nuestra historia. No es lo mismo un tío robusto, a inicios de los 90s, gritando "viva el presidente Gonzalo" a un grupo de chibolos, que un viejo carcamán, como Fajardo, gritando lo mismo hoy, en pleno 2016. Por lo tanto, creo que este proceso penal que se les abrió a los dirigentes del movadef no tiene, en esencia, motivo válido.
No me malentiendan. No es que crea que las palabras de gente como Fajardo o Crespo no tienen resonancia e impacto en las mentes de quienes son sus seguidores. Por supuesto que las tienen. Y no es que a mí no me llegue al pi#&%o leer revistuchas que hablan de lo grandes que fueron los "luchadores" de sendero luminoso, o de lo correctos que fueron los motivos que les llevaron a convertirse en puercos delincuentes asesinos. Sino que pienso que todo eso no puede ni debe ser motivo para procesarles y encarcelarles, toda vez que decir que Abimael Guzmán es "el más grande filósofo marxista leninista maoista" no debería considerarse, ahora, un acto equiparable al terrorismo, ni motivación para meter a alguien en cana.
Eso sí, concuerdo plenamente con quienes dicen que es necesaria la vigilancia constante, sobre todo a los ex dirigentes o ex presidiarios que purgaron condenas por delitos comprobados de terrorismo; dicha vigilancia debe ser la consecuencia natural del aprendizaje que nos dejaron tantos años de terror. La constante vigilancia y control sobre quienes atacaron al Estado es un deber y obligación que debe estar impresa en piedra en cada instituto militar y policial del país. Testigo soy de que la PNP viene haciendo un buen trabajo al respecto.
¿Qué hacemos, entonces, con los de movadef? Pues lo lógico: atacar sus ideas, debatir con ellos, discutir sus postulados, enfrentarlos directamente haciéndoles recordar su pasado y los crímenes que cometieron sus maestros y referentes, mantenerlos siempre en la luz, no dejar que se nos pierdan de la vista, no permitir que se vuelvan fantasmas que se alimentan a solas y se engordan con su propia mierda. Hay que bajárnoslos a punta de refutación y cuestionamiento constante. Entender que el escenario actual ya no es el de los años 70s, menos el de los 80s y 90s. Ahora ellos se nos presentan como un eco de lo que ocurrió y como un afrecho de lo que no se discutió. Son voces y sonidos que nos desafían a vencerles con ideas, con discusión y con dialéctica.
A eso estamos llamados y a eso es a lo que debemos abocarnos todos. Eso es lo que debemos exigirles a nuestras instituciones, a nuestros académicos, a nuestros profesionales e intelectuales; y especialmente eso es lo que debemos exigirles a la prensa y a los medios de comunicación, que son los que, al fin y al cabo, guían nuestro día a día, nos guste o no. Esa prensa y esos medios de comunicación que, francamente, hasta ahora sólo han tenido un papel lamentable en todo este asunto.