
Por Fred Borbor
Hoy, al despertar, me di cuenta de la ironía más grande de la vida: Uno nunca está contento con nada. No sé si será por la misma naturaleza humana o simplemente por las circunstancias casuales... Pero uno nunca está contento con nada. Incluso los mismos conformistas (aquellos que lo son en todo el sentido de la palabra) nunca están contentos con nada, pues en su interior saben que "eso", no es lo que quieren "pero en fin", "ya pues", "que chu..." Y esta iluminación no llegó simplemente por que si, llegó gracias una de las mayores obsesiones humanas (pregúntale sino a Freud), un sueño. En ese sueño, un Fred Gordo, sudoroso, calvo, arrugado y mal humorado, se preparaba para hacer la visita del día y recoger a su hija de la casa de su madre (ex esposa, ex amante, ex compañera y actual enemiga) "¿Por que carajos subo tanto de peso si ni siquiera como bien?" Se pregunta mientras a las justas puede agacharse para atar sus pasadores.
Cuando por fin puede ver a su hija y estar a solas con ella, le pregunta sobre su madre.
"Ella está bien", responde la niña, "haciendo su vida y tratando de salir de ese trabajo donde tanto se estresa" Fred piensa por unos segundos mirando hacia un punto indefinido y se da cuenta que su hija no le va contar o decir lo que realmente el quiere saber "chibola 'e miércoles, igualita a su madre salió". Pero como buen hombre, Fred sabe que no hay información que se resista a ser dada cuando existe un buen interrogatorio como medio. Además, si se ha pasado al vida obteniendo información de mujeres adultas ¿que tan difícil podría ser obtenerla de una niña de 9 años? "¡Adivina que! nos vamos a la playa" le anuncia a la niña sabiendo que, al igual que el, ella sufre de playitis aguda durante el verano. Después del "¡Yehhhh!" respectivo, sube la niña a su habitación para tomar los respectivos implementos para el gran día que se avecina, y al haber heredado la mente aprovechada de su padre, resuelve para si misma que le sacará el jugo a su repentino poder decidiendo que no soltará ninguna información mientras que Fred no gaste sus buenos billetes en esa hermosa tabla que tanto le prometía desde hace dos años.
Ya asentados bajo los rayos del sol y con un helado en la mano, el padre comienza con el interrogatorio: "¿Y como les va en la casa?"... "Pues bien, ya te dije, mi ma esta tranquila y tratando de safarse de ese trabajo"... "Si, eso ya me dijiste pechocha. Quiero saber como están las cosas. Que dice tu mami sobre mí. ¿Te ha hablado algo al respecto?"... "Pues... no"... "Vamos, vamos, tu tienes algo allí que no quieres soltar y vas a soltarlo a las buenas o a las malas"... "Ay papi, esas cosas ya no funcionan, mírame, tengo 9... se acabaron los días de 5".
Fred nuevamente mira hacia un punto indefinido y piensa. "Chibola 'e miércoles". Pero a la vez sabe que como buena hija de sus padres, ella también heredó su total debilidad ante los cosquilleos y eso, sea niña, adulta o vieja, jamás la perderá. De modo tal que empieza el interrogatorio a las malas, con cosquilleos sin fin, que hace que la niña casi derrame más de la mitad de su helado. "Entonces... sueltas prenda o no?".... "Mire señor Borbor, este pechito no suelta nada mientras que usted no cumpla promesas". Inmediatamente Fred se da cuenta de que tiene al frente a una futura arpía, astuta y aprovechada política. "Bandida 'e miércoles" Piensa.
Después de pasar un día entero viendo como su hija disfrutaba a rabiar de la tabla que le hizo comprar, Fred piensa en que talvez es mejor dejar las cosas allí. No meter a su hija en ese tipo de asuntos. Talvez sea mejor no saber nada al respecto, aunque no sabe hasta cuando la pena y el desaliento por haber perdido algo tan hermoso como una familia, lo agobiaran y sin saber hasta cuando vivirá con la incertidumbre de si hubo o no oportunidad de recuperarla.
"Bueno señorita, es hora de decir adiós a las olas por hoy" Dicho lo cual se fueron ambos a esconderse de la noche. "No se como esté mi mami ahora, pero de que le dolió bastante, le dolió". Le dijo la niña mientras avanzaban en la arena, mientras que Fred solo atinó a replicar con un "Si, lo sé" "¿Por qué lo hiciste papi?"... Fred nuevamente miró hacia un punto indefinido y pensó... ¿Por qué lo había hecho? No existía la necesidad en realidad. Fue talvez aquella horrible cosa de la que tanto hablaban con su esposa, algo que ella detestaba horriblemente ya que siempre gustaba de algo planeado y bien pensado, fue talvez por un “desliz”, pero evidentemente no iba a darle esa respuesta a su hija. “No lo sé mi pochocha, talvez porque en ese momento no estaba contento con nada”. “Y ¿Qué era lo que no te contentaba papi? ¿Te faltaba algo?” Y nuevamente Fred miró hacia un punto indefinido… “No me faltaba nada”, le respondió finalmente. “Entonces no sé porque estabas descontento” Reflexionó su hija.
Y como siempre un “Fred!!... a comprar el pan!!!” me despertó.
Y así, hoy al despertar, me di cuenta de la ironía más grande de la vida: Uno nunca está contento con nada. No sé si será por la misma naturaleza humana o simplemente por las circunstancias casuales... Pero uno nunca está contento con nada.
Cuando por fin puede ver a su hija y estar a solas con ella, le pregunta sobre su madre.
"Ella está bien", responde la niña, "haciendo su vida y tratando de salir de ese trabajo donde tanto se estresa" Fred piensa por unos segundos mirando hacia un punto indefinido y se da cuenta que su hija no le va contar o decir lo que realmente el quiere saber "chibola 'e miércoles, igualita a su madre salió". Pero como buen hombre, Fred sabe que no hay información que se resista a ser dada cuando existe un buen interrogatorio como medio. Además, si se ha pasado al vida obteniendo información de mujeres adultas ¿que tan difícil podría ser obtenerla de una niña de 9 años? "¡Adivina que! nos vamos a la playa" le anuncia a la niña sabiendo que, al igual que el, ella sufre de playitis aguda durante el verano. Después del "¡Yehhhh!" respectivo, sube la niña a su habitación para tomar los respectivos implementos para el gran día que se avecina, y al haber heredado la mente aprovechada de su padre, resuelve para si misma que le sacará el jugo a su repentino poder decidiendo que no soltará ninguna información mientras que Fred no gaste sus buenos billetes en esa hermosa tabla que tanto le prometía desde hace dos años.
Ya asentados bajo los rayos del sol y con un helado en la mano, el padre comienza con el interrogatorio: "¿Y como les va en la casa?"... "Pues bien, ya te dije, mi ma esta tranquila y tratando de safarse de ese trabajo"... "Si, eso ya me dijiste pechocha. Quiero saber como están las cosas. Que dice tu mami sobre mí. ¿Te ha hablado algo al respecto?"... "Pues... no"... "Vamos, vamos, tu tienes algo allí que no quieres soltar y vas a soltarlo a las buenas o a las malas"... "Ay papi, esas cosas ya no funcionan, mírame, tengo 9... se acabaron los días de 5".
Fred nuevamente mira hacia un punto indefinido y piensa. "Chibola 'e miércoles". Pero a la vez sabe que como buena hija de sus padres, ella también heredó su total debilidad ante los cosquilleos y eso, sea niña, adulta o vieja, jamás la perderá. De modo tal que empieza el interrogatorio a las malas, con cosquilleos sin fin, que hace que la niña casi derrame más de la mitad de su helado. "Entonces... sueltas prenda o no?".... "Mire señor Borbor, este pechito no suelta nada mientras que usted no cumpla promesas". Inmediatamente Fred se da cuenta de que tiene al frente a una futura arpía, astuta y aprovechada política. "Bandida 'e miércoles" Piensa.
Después de pasar un día entero viendo como su hija disfrutaba a rabiar de la tabla que le hizo comprar, Fred piensa en que talvez es mejor dejar las cosas allí. No meter a su hija en ese tipo de asuntos. Talvez sea mejor no saber nada al respecto, aunque no sabe hasta cuando la pena y el desaliento por haber perdido algo tan hermoso como una familia, lo agobiaran y sin saber hasta cuando vivirá con la incertidumbre de si hubo o no oportunidad de recuperarla.
"Bueno señorita, es hora de decir adiós a las olas por hoy" Dicho lo cual se fueron ambos a esconderse de la noche. "No se como esté mi mami ahora, pero de que le dolió bastante, le dolió". Le dijo la niña mientras avanzaban en la arena, mientras que Fred solo atinó a replicar con un "Si, lo sé" "¿Por qué lo hiciste papi?"... Fred nuevamente miró hacia un punto indefinido y pensó... ¿Por qué lo había hecho? No existía la necesidad en realidad. Fue talvez aquella horrible cosa de la que tanto hablaban con su esposa, algo que ella detestaba horriblemente ya que siempre gustaba de algo planeado y bien pensado, fue talvez por un “desliz”, pero evidentemente no iba a darle esa respuesta a su hija. “No lo sé mi pochocha, talvez porque en ese momento no estaba contento con nada”. “Y ¿Qué era lo que no te contentaba papi? ¿Te faltaba algo?” Y nuevamente Fred miró hacia un punto indefinido… “No me faltaba nada”, le respondió finalmente. “Entonces no sé porque estabas descontento” Reflexionó su hija.
Y como siempre un “Fred!!... a comprar el pan!!!” me despertó.
Y así, hoy al despertar, me di cuenta de la ironía más grande de la vida: Uno nunca está contento con nada. No sé si será por la misma naturaleza humana o simplemente por las circunstancias casuales... Pero uno nunca está contento con nada.
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